Taipero Poriahu - 1975
   



Guitarras: MATEO VILLALBA ANGEL DAVILA, MONCHO FERREYRA.
Los temas: “EL TORO” y “GRANJA SAN ANTONIO”, ejecutados con acordeón de 8 bajos.

MICROFON
1-591 P. Año 1975

Lado 1

1- TAIPERO PORIAHU (chamamé) Pocho Roch / Antonio Tarragó Ros – cantan: Moncho Ferreira y Angel Dávila
2- EL TORO(chamamé) Alberto D. Castillo / Pedro Sánchez
3- POR SANTA ROSA ME VOY AL RIO (chamamé) Cacho Gonzalez Vedoya / Antonio Tarragó Ros - cantan: Moncho Ferreira y Angel Dávila
4- LA CASA DEL CHAMAMÉ (chamamé) Moncho Ferreyra / Antonio Tarragó Ros
5- LA CANCION DE LOS OBRAJES (chamamé) Pedro De Ciervi / Heraclio Pérez - cantan: Moncho Ferreyra y Angel Dávila.
6- KILOMETRO 11 (polca correntina) Constante Aguer / Tránsito Cocomarola
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Lado 2

1- CHAMARRA DE SANTA ELENA (milongón) Gerardo Lagos / Antonio Tarragó Ros - cantan: Moncho Ferreyra y Angel Dávila
2- GRANJA SAN ANTONIO (chamamé) Angel Guardia / Tarragó Ros
3- TU LIBRO Y UNA FLOR (vals) Hugo Videla / Antonio Tarragó Ros - canta: Perla Argentina
4- HOLA CHAMIGO (chamamé) Osvaldo Sosa Cordero / Antonio Tarragó Ros - recitado: Ricardo Sánchez.
5- A GUALO GODOY (chamamé) Mario Boffil - cantan: Moncho Ferreira y Angel Dávila
6- PANCHO RETAMERO (chamamé) Antonio Tarragó Ros / Caquimarola

ANTONIO TARRAGO ROS, es retoño de un viejo y digno árbol correntino, que no sólo cobijó su débil tiempo de crecimiento, sino que lo nutrió con su savia para que fuera de la misma madera y proyectara, aunque pequeño árbol, su propia, orgullosa y generosa sombra.
Este es el caso de mi amigo ANTONIO TARRAGO ROS, un hombre de raíz auténtica, que enriqueció lo que había heredado con las vivencias de un nuevo tiempo, sin que peligre, en ningún pasaje de su creación , la personalidad de nuestra música lugareña.
De ahí mi alegría y admiración cuando escucho a este joven intérprete; cuando lo veo doblarse sobre su “cordeona verdulera”, como rogándole algún sonido más de los que puede dar, para pintar mejor todos los paisajes que el hombre y la geografía le alcanzan a su sensibilidad para convertirlos en música.
Por eso cuando abre ese abanico de sonidos, surgen los colores del canto de nuestros pájaros, del rumor del agua, del silbar de los troperos, del golpe de las hachas y hasta el estridente sapucay del paisano enancado a una alegría. Todo esto y mucho más es capaz de mostrarnos Antonio a través de ese instrumento al que abraza como a las cosas que se aman profundamente.
Y cuando sus dedos dejan de correr nerviosos por la botonera de su “cordeona”, silenciando los pájaros que guarda adentro, no lo hace para privarnos de su personal estilo de interpretar, sino para alargar su mano en un habitual gesto de amistad, diciendo invariablemente: ¿¡Qué tal, chamigo¡?
LUIS LANDRISCINA