El Pomberito
Antonio Tarragó Ros


El vuelo de aquel chico solitario dentro de los limites que marcaba el ligustro familiar, ¿habrá alcanzado a soñar que alguna vez en una mágica noche del Festival Bach y Haendel, el subiría al escenario abrazado a su verdulera como interprete solista y junto a la orquesta de cámara interpretar su propia "Suite Chamamecera"?
Cuando aquel momento llego en el verano del '85, ¿dónde estaban los que siempre dijeron que esa era música menor, solo aceptable para los menchos?
Seguramente que esa noche el chamamé kyrey soltó su carcajada mas alegre y Antonio, con su sapukai atragantado entre tanto smoking a su alrededor, habrá sentido que fueron 20 años ganados en buena ley.
Hoy esta embarcado en otra empresa, una obra dirigida a los niños, la "Opereta de Pomperito de la selva", la que si no hubiera sido por uno de esos arranques "reflexivos" que suele tener -y que a la larga casi siempre le demuestran que no estaba equivocado- en estos momentos estaría en un escenario.
Sucedió que Marily Morales Segovia, la misma de "la vida y la libertad", se vino desde su doctorado español en Salamanca por pocos días y para escribir el libro y al decir de Antonio, "tan embalada como yo para trabajar".
En semejantes manos la obra apunto desde el vamos a ser más que ambiciosa, con una puesta que sobrepasa el escenario para extenderse por la sala entera, que convertida en selva poblada de animales sirve de marco absoluto a ese duende Pompero tan travieso, que es custodio de árboles y animales y de todas las cosas importantes de la vida. En suma, es el custodio de la felicidad.
Pavada de mensaje se eligieron para dejarle a los niños. Total que en dos meses de trabajo la escribieron dos veces. Antonio apuntaba decididamente hacia la gran lírica y termino totalmente embarullado. Hasta que en un momento dado corto la ebullición drásticamente e hizo lo que probablemente mas le cuesta en la vida, "saco la pata del acelerador", se miro en el espejo y se reto severamente: "te estas metiendo en un mundo que no es el tuyo, no sos Mozart ni el piazzola del chamamé, lumpen acomplejado de no ser músico erudito. Recordá siempre que sos un melodista de música popular".
Dicho esto coloco decididamente las cintas con la obra compuesta en la consola, oprimió la tecla borradora y para no arrepentirse de lo que estaba haciendo se metió debajo de la ducha.
Debe haber sido el baño mas angustioso de toda su vida. Se tentó mil veces con salir corriendo a rescatar lo que pudiera, se decía "idiota, es la única copia", mientras trataba desesperadamente de reconstruir las melodías en la memoria.
No le debe haber sido nada fácil, pero hoy piensa que hizo bien, porque una semana después había escrito seis melodías totalmente distintas y a su entera satisfacción.
"Que bien, que bien que resulto así" recuerda "porque además coincidió con el regreso de Teresa Parodi de su viaje y le pedí que escribiera las letras de las canciones. Como no iba a estar Teresa en esta empresa, si ella es una de las grandes letristas de hoy, tiene un lenguaje poético perfecto, profundo y directo, era imprescindible en esta obra para chicos".
Después de aquella drástica decisión, hoy se toma las cosas con relativa calma.
Oscar Cardozo Ocampo estaba escribiendo los arreglos orquestales y Antonio cree que deberá concretar esta obra en un video, antes de llevarla al teatro.