Hola.¿Cómo estás?

Yo quería contarte algunas cosas.
¿Cómo decírtelo?.


Quería acercarte estos... pedazos de pasiones,

que son como recuerdos desordenados y pegados como fotos en un álbum. Estos relumbrones del alma y de la vida, infinitas mitades de uno mismo, que llega un día cuando hay que empezar a juntarlas.
Y aquí están algunas, reunidas; como están en esta casa desde la que te escribo, esta donde aspiro a envejecer, esta donde (en la que) mis amigos han plantado un árbol. Y así poder mostrarte un día.
Es que estoy queriendo dejar testigos de todo esto que viví,
que fue impresionante.


Hay un texto precioso de Horacio Ferrer, que más o menos dice: "... soy un circo, soy el payaso, soy el trapecista, el clown, soy todo. Y vos me dirás ¿por qué soy un circo?. Pues porque estás triste hermano."
Sigue: "... por eso, que comience la música, que empiece la función. La platea está repleta, todos aplauden... Pero, perdón! ¿ a quienes veo en las primeras filas muy orondos? ¡ Veo a los que te hicieron mal! ¿ Y en el palco principal? ¡Ahí veo a tus rencores.."

"... ¿Por qué? ¿Qué pasó?. Si las graderías y las populares están llenas de tus amores, ruidosas de aquellos que te quisieron; si veo allí en el fondo tu mejor sonrisa... Y tu felicidad... allá atrás de todo! ¡ En la próxima función, hay que darles las mejores localidades!".

Por eso yo, Antonio, en los años que siguen quiero reacomodar las localidades de mis cosas. Porque así como finalmente llegué a aceptar que no tuve una infancia feliz, también sé que tuve muchos motivos de felicidad, en la pasión de la lucha.

Me tocó o elegí pelear del lado del que pierde casi siempre, o sea del lado de la música nacional y la identidad de mi país. Una pelea en la que vos sabés que tenés la razón, pero en la que igual perdés. Porque la historia te pasa por encima...
Y sin embargo, este renacer de la música nacional, con los chicos bailando y estudiando tango, yo no lo pensaba ver. Me alegra y me confirma que ¡Yo no estaba tan equivocado!.

Y así entonces, como te decía, recomponiendo y ordenando las cosas que tuve y que tengo; las cosas que vi, las que pude dar;; decidí acomodarlas cuidadosamente un albúm lleno de nombres queridos, y que no es sino la suma de algunos momentos en que la inspiración te gana, te asombra y te hace agradecer por haberla recibido.

Hoy tengo la convicción de que con mi trabajo soy un instrumento de sabidurías o energías que están en el cosmos, lo cual no es poca cosa ni me hace menos vanidoso. Pero así como no puedo creer que esto que me tocó sea mío, celebro y agradezco que pase por acá, por el acordeón y el corazón de este que soy.

De estas y de otras cosas quiero hablarte,
así, de cerquita, con el mate caliente
yendo de tu mano a la mía. Arrimáte.


Dejáme
que yo les cuente
che Tarragó ...


Extrovertido hasta los tuétanos esta entre nosotros desde hace 20 años, cuando llego Buenos Aires enarbolando su pasión en ristre y con las ilusiones intactas.
Acelerado como pocos, se declara desde siempre militante acérrimo del chamamé.


En los años setenta, cuando vino trayendo su música mágica y marginal, le prohibían tocar en las peñas y hasta en las bailantas, que hubiera debido ser su ámbito natural, resultaba demasiado sofisticado, por lo que fue duramente atacado por sus pares.
Desde aquel "¿y donde quieren que toque? de entonces, masticado con bronca que no lo doblego jamás hasta hoy, demostró con creces que podía lo que quería porque sabia que tenia razón.
Había mucho por hacer y lo fue haciendo eclecticamente, peleándose tantas veces y confraternizando en las broncas, porque Antonio se come a la vida al compás de un chamamé y así nos lo transmite, llevándolo hasta el centro mismo de nuestro inconsciente colectivo.
Fraseando una melodía que la emoción abrocha fuerte en los sentidos, desde su mano derecha directo al corazón, arrastrando el misterioso influjo de un paisaje verde profundo, impregnado de leyendas y personajes entrañables tan asimilados al entorno, su figura crece en el timbre característico de esa música tan identificatoriamente suya.
Seguramente habrá sido niñito solitario y músico al que la acordeona le resultaba el juguete mas preciado, pero ¿la amaría y odiaría a un mismo tiempo, sintiendo que así se acercaba a su padre lejano, mientras lo llevaba por caminos descolocados para sus cortos años?
Ciertamente que habrá sido un momento definitorio el de aquel día en Curuzú Cuatiá, cuando después de una corta historia de muertes y desarraigos, don Gualberto Panozzo, el amigo del alma de Tarragó padre, coloco en sus hombros frágiles la verdulera y fue iniciando a su manecita izquierda en la pirotecnia de los bajos rítmicos y a su diestra en la ternura del canto melodioso.




Camino de hermanos
Del film "Perros de la noche", de Teo Kaufman.

Yo también te amo
Del film "Martín Fierro"
en muñecos animados, producción argentino-colombiana-cubana.

La ciudad oculta
Del film homónimo, de Osvaldo Andechaga.

Melodía callada
Del film "Apuntes de un viaje al Iberá", de Alcides Chiesa, para la productora alemana Malena Films GMBH

La operita del
duende de la selva

Pieza teatral musical para niños, escrita junto a la poetisa correntina Marilí Morales Segovia, y con la participación de algunas letras de Teresa Parodi.

Musicalización total de Antonio Tarragó Ros. Adaptada también para cine y televisión.

Un crisantemo estalla
en cinco esquinas
Film de Daniel Burman, con actuación de Pastora Vega, José Luis Alfonso,
y el mismo Antonio Tarragó Ros, quien compuso la música de este film.

 

Argentina Secreta

Café con Canela

Fusión

Sudaca
Cortina musical del noticiero federal de A.T.C.

Soy la mujer
de igual a igual

La polkita del trombón

Pai Julián

La casa del chamamé

El protozoario

Suite chamamecera.